«La idea de este viaje comenzó a fraguarse hará unos cinco años, cuando estaba en Israel», recuerda Jordi. Dos alemanes pasaron en bicicleta por el kibbutz donde trabajaba. «Pasé un día entero con ellos viajando en bicicleta por la zona, y me encantó la sensación de independencia y autonomía que te da viajar de esta forma», destaca.
Jordi se familiarizó con este medio de viajar recorriendo con su bicicleta las costas de diversos países, como Marruecos, Francia o el estado de California. «Aquellos viajes me sirvieron para chequear cómo estaba mi mente y cuerpo, para comprobar si verdaderamente estaba preparado para un viaje como el de ahora», recuerda.
Internet fue fundamental
Para preparar el viaje, Jordi se documentó exhaustivamente acerca de los países que recorrerá: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Internet acabó siendo una herramienta imprescindible. «A través de los foros especializados compartí muchas opiniones con gente de todo el mundo que habían realizado viajes similares», explica. Del contacto con la comunidad internauta surgieron varios consejos muy valiosos: no hay necesidad de entrenar -«si haces un viaje tan largo, el propio camino te fortalece», aclara-, llevar un equipaje simple y utilitario -«una pastilla de jabón debe valerte para la ducha y el afeitado», cita como ejemplo- e invertir mucho dinero en ruedas y radios, «ya que se estropean con facilidad».
Y ya que hablamos de dinero, ¿cualquiera puede permitirse dejarlo todo por un año para lanzarse a la aventura? «A mí me ha costado dos años de ahorros, y he encontrado varios patrocinadores que me han facilitado el material, pero lo más importante ha sido el apoyo de mi familia y amigos», explica. En su página web -www.jordiblanco.com', donde colgará cada tres semanas fotos y notas de su viaje- detalla todo el material que lleva y el coste exacto del viaje: 20.245 dólares.
Para marcar una pauta en su camino, Jordi seguirá la llamada 'Route 1', una carretera que recorre todo el continente. Para completar el viaje en el plazo de un año, deberá realizar una media de 80 kilómetros diarios. «No temo al cansancio físico, a eso te acostumbras. La gran prueba será la soledad y ver cómo mi estado emocional resiste esta experiencia. Ese es el reto: fortalecerme como persona», desvela.
Baja California, la ciudad perdida de Machu Pichu o el desierto de sal de Uyuni (Bolivia) son algunos de los parajes que recorrerá. Sobre los posibles peligros, ni se los plantea. «Ahora no puedo centrarme en el miedo: si me plantease el riesgo, me quedaría en casa viendo la tele», concluye.
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